Los átomos del liderazgo: ¿una evolución de los cuatro elementos de la naturaleza?

25 05 2017

IMG_1812Ya sabemos que la naturaleza es el gran libro de conocimiento (Rousseau o Da Vinci ya lo avanzaron con sus citas: “Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza” y “La naturaleza benigna provee de manera que en cualquier parte halles algo que aprender”). De hecho, es el libro de conocimiento por antonomasia. Todo aquello que ideamos o pensamos ella ya lo ha resuelto. Otra cosa es que, nosotros, los humanos, seamos capaces de verlo, entenderlo, sentirlo, escucharlo o copiarlo.

Sé que abordo un objetivo ambicioso y, tal vez, algo pretencioso: encontrar paralelismos –ya avanzo que, haberlos haylos- entre la madre naturaleza y el liderazgo. Se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre él por lo que, confío y deseo, que la visión que asienta este ensayo aporte una visión novedosa.

Para ello, voy a buscar una correlación entre los cuatro elementos naturales: el agua, el aire, el fuego y la tierra y los cuatro átomos del liderazgo. No voy a profundizar en los elementos naturales -ya los antiguos sabios griegos los detallaron: Tales de Mileto el agua, Anaxímenes el aire, Heráclito el fuego y Jenófanes la tierra- sino en el lado que me interesa: los átomos del liderazgo.

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Tú puedes ser el próximo Víctor … ¿eres consciente?

7 04 2015

1173948358Hace un par de semanas Víctor¹, un buen amigo mío, me llamó para darme una grata nueva: había encontrado, tras un largo periodo en el paro, trabajo. Irradiaba felicidad y se le notaba ya que, a la menor oportunidad, lo proclamaba a los cuatro vientos. Quedamos para vernos y celebrarlo.

Cuando llegué al bar en el que habíamos quedado, vi que su rictus era serio y que denotaba preocupación.

Sus buenas tardes fueron: “Vuelvo a estar en el paro²”. Juro que si me pinchan en ese momento no me sacan ni una gota de sangre. Aún con la respiración acelerada por el impacto de semejante noticia –no habían pasado ni siquiera dos semanas desde su incorporación- atiné a preguntarle: Víctor, ¿Qué ha pasado?.

Con voz grave, me dijo: “No lo sé” Y empezó a contarme ese surrealista episodio. “El día de los hechos me llamaron desde recursos humanos para que acudiera a las oficinas centrales. Me hicieron pasar a una sala y esperar. Transcurridos unos minutos, llegó alguien de RR.HH. con la carta de finalización de contrato para que la firmara. ¿Por qué? La razón – si se puede llamar de alguna manera- que me dieron fue: “El cliente nos ha hecho saber que tu perfil no se adecúa a lo que necesita” “Pero si no he tenido tiempo, ni siquiera, de calentar la silla”. N.del E. Víctor desgranó, meticulosamente, todo lo que le había sucedido durante esas escasas dos semanas. Y doy fe que, lo que me contó, fue todo un manual de lo que no debe ser un proceso de aterrizaje.

Si tuviera que resaltar algún valor y/o competencia de Víctor, destacaría, por encima de todo, tres:

  • Su Actitud positiva y optimista por naturaleza. Recuerdo alguno de los whatsapps suyos que recibí esos días: “I go, I go … al curro a trabajar”
  • Su Valentía. Hace tiempo que profesionalmente no se dedica al trabajo que había encontrado pero eso no ha sido óbice para sentirse preparado para llevarlo a cabo
  • Su Fuerza de voluntad. Una vez me contó que, en la facultad, había tenido que asistir a clases particulares de una asignatura porque no podía ir a clase. Iba junto a dos amigos suyos. Únicamente uno aprobó. ¿Sabéis quién?

A lo largo de la conversación –de hecho, casi un monólogo- no supe que decirle. Sólo escucharle y, de vez en cuando, asentir con la cabeza. Le pedí plasmar lo que le había pasado en un post y me autorizó a escribir y compartir lo que le había acaecido.

Cuando nos despedimos me agradeció que le hubiera escuchado. Mientras se alejaba, cabizbajo y pensativo ante el complicado porvenir que se le venía nuevamente encima, una idea retronaba en mi cabeza … ¿nos estaremos volviendo todos locos³?

¿Eres consciente que tú puedes ser el próximo Víctor?

Saludos,

Agustí

[1] Víctor tiene 51 años, es Licenciado superior y atesora un gran capital experiencial fruto de su dilatada carrera profesional.

[2] Fuente: http://www.ine.es/jaxiT3/Datos.htm?t=4084

[3]El anterior “propietario” de la mesa que había ocupado no duró ni un mes.





El miedo al miedo: ¿Un miedo consciente o inconsciente?

15 12 2013

lobo3Hace unos días leía, vía @juanatalavera y @aliciapomares, una interesantísima reflexión sobre “Las cinco cosas que lamentamos en nuestro lecho de muerte”. Fruto de la misma, empecé a cocinar este post.

Esas cinco cosas tienen el triste honor de compartir el mismo ADN: el miedo.

A menudo, escucho hablar sobre él y como nos afecta en nuestra vida. Es habitual oír frases similares a “Qué si no he tomado esta decisión por miedo a … “ o “No me he atrevido por … “ o, más coloquialmente, “por el que dirán …”.

Pero … ¿Qué es el miedo? ¿Qué nos provoca miedo? ¿Y cuáles son las consecuencias de someterse al yugo del miedo? El miedo es una emoción primaria que se da ante una situación de peligro real o imaginaria. Voy a centrarme en la parte que hace referencia al apartado psicológico. Ese miedo interno, intangible, invisible y que, sin embargo, es un muro mental y emocional que nos bloquea. Un muro, en muchos casos, infranqueable y que, por más que nos empeñemos en pensar lo contrario, es inexistente.

El miedo nos atenaza, acongoja y atemoriza impidiéndonos actuar y mostrarnos como, en realidad[1], somos o, más allá, desearíamos ser. En algunos contextos, incluso, lo podríamos categorizar como sinónimo de hipocresía. Una hipocresía personal que redunda en todos los ámbitos: personal, familiar, social y profesional.

c96d310824f8478a171a83a2468e187cEsta mañana, mientras disfrutaba del silencio del bosque y Tim, mi noble compañero de su paseo matinal, capturé esta fotografía y pensé esta frase: La vida es aquello que pasea entre lágrimas y sonrisas. Tú decides el GR que tomas.

Mandela lo plasmó en una de, para mi, las mejores citas que nunca se han acuñado:  “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.“. Parafraseándolo, y en el contexto de esta reflexión, “Son el amo de mi destino, son el capitán de mi alma

¿Y tú? ¿Escuchas al miedo o lo ninguneas?

Os dejo con el cuento de Juan sin miedo


[1] Las personas dicen que pueden cambiar. No es cierto. Los cambios que experimentamos simplemente responden a que “a largo plazo todo el mundo se muestra tal y como es en realidad





El lenguaje: ¿Coste de oportunidad de los directivos?

17 11 2013

Beautiful-Birds-beautiful-nature-23813827-1600-1200Hace unos días, mientras mantenía una distendida e interesante conversación, surgió un debate:  ¿Razonar o convencer? A tenor de la misma, decidí que mi siguiente post versaría sobre ese contraste etimológico. ¿Qué término era el que mejor se ajustaba al entorno de empresa abierta ó 2.0? o ¿El que podría contextualizar uno de los vectores de “liderar personas o equipos en organizaciones que se apalancan en el talento”?

Hoy, mientras disfruto de un día lluvioso, de buena música en spotify –John Coltrane– y de un café negro y humeante la musa me ha venido a visitar y me ha preguntado ¿Por qué no te sientas a escribir? Así que he desempolvado la pluma y he aquí el resultado … ¿Razonar o convencer? ¿Liderar o gestionar? ¿Amar o querer?

Vaya por delante que, como en casi todo, no hay una única solución. Así que, para aquell@s que esperaban encontrar la pócima mágica, ya os avanzo que no la hay. Hay tantas alternativas como personas existen. Permitidme que me apoye en la RAE.

convencer.(Del lat. convincĕre).

1. tr. Incitar, mover con razones a alguien a hacer algo o a mudar de dictamen o de comportamiento. U. t. c. prnl.

2. tr. Probar algo de manera que racionalmente no se pueda negar.

razonar.

1. intr. Discurrir, ordenando ideas en la mente para llegar a una conclusión. Antes de decidirte, razona un poco.

2. intr. Hablar dando razones para probar algo. No razonó nada de lo expuesto.

3. tr. Exponer, aducir las razones o documentos en que se apoyan dictámenes, cuentas, etc.

El significado de ambos términos son muy similares; sin embargo, si profundizamos veremos que hay una sutil diferencia cualitativa: convencer es incitar a alguien a hacer algo. Eufemísticamente, en el ámbito directivo: “tienes que hacer esto por que yo lo digo o a ti no te pagan por pensar sino por hacer”. Razonar es conversar dando y escuchando razones para decidir algo. En definitiva, aunque la responsabilidad última de un directiv@ es decidir –y asumir el coste de su decisiónrazonar es consensuar para decidir convencidamente. Convencidamente en términos de interiorizar, compartir y hacer sentir activamente esa decisión como parte integrante del grupo.

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Así pues, liderazgo, más allá de definiciones tradicionales, es sumar voluntades, actitudes y aptitudes para alcanzar un hito/objetivo común compartido. Y, para ello, qué mejor que razonar y no convencer en sentido estricto.

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El vector bajo el que se vertebra la característica social del liderazgo –y que nos permite socializar con el grupo- es el lenguaje: bien sea verbal, bien escrito.


Personalmente, apuesto por razonar. Me gusta más. El final, está claro, es convencer … pero convencer de una forma abierta, sensual, escuchada y compartida … por qué de eso va lo del 2.0 ¿o no? ¿Qué opinas?

Os dejo con dos gemas de Pepe de la Peña, @sandopen, sobre el lenguaje …

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y con el video de “El valor de las palabras” 





La libertad … ¿una puerta imaginaria?

9 04 2013

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Recuerdo, hace unos meses, un vuelo Barcelona – Madrid. En el mismo, tuve oportunidad <permitirme el eufemismo> de “gozar” de un viajero tóxico. Al principio, me hizo gracia y lo encontré hasta divertido. Cuando ya estaba a la altura de Tarragona, empezaba a estar cansado. A la altura de Zaragoza, ya había pulsado el interruptor para pedir un gelocatil a un amable TCP pues, mi cabeza, estaba a punto de estallar del dolor que me había provocado semejante individuo.

No hace falta decir que su conversación –por llamarla de alguna manera- versaba sobre lo “quemado” que estaba y sobre lo que “opinaba” de su jefe. Él estaba preso en una cárcel.

Este hecho –por desgracia, más habitual de lo que nos creemos- me hizo reflexionar: ¿Qué es la libertad? ¿Un sueño? ¿Una barrera? ¿Una ilusión? ¿Una utopía? ¿Una emoción? ¿Una alegría? ¿Un despertar? ¿Una prisión? ¿Una alquimia? Libertad es … el capital emocional del corazón … eso es libertad. La llave que abre la puerta a un mundo desconocido y que, su desconocimiento -el pensamiento racional-, nos la cierra. Es una puerta imaginaria … que sólo existe en nuestra mente … Libertad es disfrutar. Libertad es sentir. Libertad es decidir. Libertad es vibrar. Libertad es reír. Libertad, en definitiva, es sentirse a gusto con uno mismo.

Contemplando este video advierto lo que es disfrutar y pasárselo bien trabajando … aunque, como ya apuntaba Confucio, “Trabaja en lo que te gusta y nunca tendrás que trabajar” o, mejor, Vive VIVIENDO y nunca estarás pres@ … ¡NUNCA!.

Sólo nosotros tenemos la llave que abre esa puerta imaginaria … ¿O real? ¿Cuál creéis que era su cárcel? ¿Él? ¿Su trabajo? ¿Su jefe? ¿Abriría esa puerta? ¿Abrimos la puerta?

Saludos,

Agustí Brañas

La sonrisa es el libro del corazón.

PD. Su conversación fue explícita mencionando nombres, empresa, etc.