El miedo al miedo: ¿Un miedo consciente o inconsciente?

15 12 2013

lobo3Hace unos días leía, vía @juanatalavera y @aliciapomares, una interesantísima reflexión sobre “Las cinco cosas que lamentamos en nuestro lecho de muerte”. Fruto de la misma, empecé a cocinar este post.

Esas cinco cosas tienen el triste honor de compartir el mismo ADN: el miedo.

A menudo, escucho hablar sobre él y como nos afecta en nuestra vida. Es habitual oír frases similares a “Qué si no he tomado esta decisión por miedo a … “ o “No me he atrevido por … “ o, más coloquialmente, “por el que dirán …”.

Pero … ¿Qué es el miedo? ¿Qué nos provoca miedo? ¿Y cuáles son las consecuencias de someterse al yugo del miedo? El miedo es una emoción primaria que se da ante una situación de peligro real o imaginaria. Voy a centrarme en la parte que hace referencia al apartado psicológico. Ese miedo interno, intangible, invisible y que, sin embargo, es un muro mental y emocional que nos bloquea. Un muro, en muchos casos, infranqueable y que, por más que nos empeñemos en pensar lo contrario, es inexistente.

El miedo nos atenaza, acongoja y atemoriza impidiéndonos actuar y mostrarnos como, en realidad[1], somos o, más allá, desearíamos ser. En algunos contextos, incluso, lo podríamos categorizar como sinónimo de hipocresía. Una hipocresía personal que redunda en todos los ámbitos: personal, familiar, social y profesional.

c96d310824f8478a171a83a2468e187cEsta mañana, mientras disfrutaba del silencio del bosque y Tim, mi noble compañero de su paseo matinal, capturé esta fotografía y pensé esta frase: La vida es aquello que pasea entre lágrimas y sonrisas. Tú decides el GR que tomas.

Mandela lo plasmó en una de, para mi, las mejores citas que nunca se han acuñado:  “Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.“. Parafraseándolo, y en el contexto de esta reflexión, “Son el amo de mi destino, son el capitán de mi alma

¿Y tú? ¿Escuchas al miedo o lo ninguneas?

Os dejo con el cuento de Juan sin miedo


[1] Las personas dicen que pueden cambiar. No es cierto. Los cambios que experimentamos simplemente responden a que “a largo plazo todo el mundo se muestra tal y como es en realidad





¡No escribo tan bien como mi hermana!

7 12 2009

0000-00-0-0-mellizasHola,

He dudado hasta el último momento dónde editar la entrada de hoy: si en Tambores Interiores o en Habilidades Directivas 2.0. Al final, por similitud con nuestra labor de directiv@s, me he decidido a publicarla en Habilidades Directivas 2.0.

Hace unos años, la cigüeña nos anunció que iba a anidar en casa con dos mellizas. ¡Fue una gran alegría!… Imaginaros el trasiego: Padres primerizos, sin experiencia y, para más inri, mellizas. Pensaréis … ¿qué diantres pinta esto en Habilidades Directivas 2.0?

En 2º de Primaria –tenían 8 años-, se produjo un hecho que me marcó interiormente. Una de mis mellizas tenía que hacer una redacción para la escuela y no la hacía. Yo le preguntaba: “¿Cómo vas con la redacción? ¿Ya la has hecho?” Su respuesta siempre era la misma: “Aún no he empezado. Tengo que hacerla”. La realidad era que no la hacía. Hasta que, a una nueva pregunta mía, me espetó: ¡Yo ya sé que no escribo tan bien como mi hermana! Mi corazón se desgarró y tuve que tragarme las lágrimas por la profunda carga emocional con la que la había pronunciado.

La tenía delante de mí y algo tenía que hacer. Mi mente dibujó tres escenarios o alternativas, cada uno con sus pros y sus contras:

  1. Hacer ver que no había oído la frase y actuar como si nada
  2. Resolverle el problema y hacerle la redacción
  3. Ayudarle a que ella venciera su pensamiento negativo transformándolo en uno de recuerdos positivo para toda su vida

Con el 1r y el 2º escenario, salía del paso al solventar la situación. Ahora bien, el problema continuaría enraizado en su interior y, quién sabe, si aumentaría con el transcurso del tiempo.

Así que opté por la 3ª alternativa: ayudarle a que ella venciera su pensamiento negativo transformándolo en uno de recuerdos positivo para toda su vida, por lo que le pedí que fuera a buscar unos folios en blanco. Una vez los trajo, la senté en mi falda y le dije: ¿Qué palabras te gustaría que aparecieran en la redacción? Escribe una en cada uno de los folios que tenemos. ¡Ummmm! Ahora puedes escribir una frase con cada una de las palabras. Le pedí que ordenara los folios de acuerdo a como le gustaría que aparecieran las frases. En ese momento, le dije: “Vamos a ponerlo en la barriguita del ordenador y lo vamos a imprimir para ver como queda”. Una vez tuvimos la impresión, le comenté: “Ahora viene la parte más difícil: Mejorar la redacción hasta que estés realmente satisfecha de la misma”.

Al día siguiente, entregó la redacción. A la tarde, al llegar a casa, le pregunté: ¿Qué tal el día? Su respuesta fue rápida: ¡Muy bien! ¡Han colgado mi redacción en la clase! Una sonrisa surcaba sus labios. Se le notaba feliz y contenta fruto de su trabajo. Mi corazón era un torrente de felicidad.

Lecturas:

  1. Como padres y/o directiv@s tenemos la obligación de ayudar a que nuestr@s hij@s y/o colaboradores crezcan emocional, personal y laboralmente. Querer es poder y poder es hacer.
  2. Se puede cambiar un pensamiento negativo por una sólida realidad positiva. Sólo es necesario el tener una verdadera actitud positiva de ayuda y de escucha activa

El otro día comentaba: “tengo que escribir la entrada del blog y no sé de qué escribirla”. Mi hija se acercó a mí y me comentó: “Vamos a buscar unas hojas y escribes una palabra en cada una de ellas”.

Saludos,

Agustí Brañas