Los átomos del liderazgo: ¿una evolución de los cuatro elementos de la naturaleza?

25 05 2017

IMG_1812Ya sabemos que la naturaleza es el gran libro de conocimiento (Rousseau o Da Vinci ya lo avanzaron con sus citas: “Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza” y “La naturaleza benigna provee de manera que en cualquier parte halles algo que aprender”). De hecho, es el libro de conocimiento por antonomasia. Todo aquello que ideamos o pensamos ella ya lo ha resuelto. Otra cosa es que, nosotros, los humanos, seamos capaces de verlo, entenderlo, sentirlo, escucharlo o copiarlo.

Sé que abordo un objetivo ambicioso y, tal vez, algo pretencioso: encontrar paralelismos –ya avanzo que, haberlos haylos- entre la madre naturaleza y el liderazgo. Se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre él por lo que, confío y deseo, que la visión que asienta este ensayo aporte una visión novedosa.

Para ello, voy a buscar una correlación entre los cuatro elementos naturales: el agua, el aire, el fuego y la tierra y los cuatro átomos del liderazgo. No voy a profundizar en los elementos naturales -ya los antiguos sabios griegos los detallaron: Tales de Mileto el agua, Anaxímenes el aire, Heráclito el fuego y Jenófanes la tierra- sino en el lado que me interesa: los átomos del liderazgo.

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¿Innovación abierta o, simplemente, fertilización?

25 05 2014

Hola,

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Esta mañana leía el interesante artículo de Xavier Ferràs “La innovación abierta” en LA VANGUARDIA. Poco después, y mientras paseaba entre paneras hortofrutículas -la foto es un excelente ejemplo-, me vino a la cabeza un esbozo de lo que podría dar lugar a una entrada en el blog focalizada en ello. Os preguntaréis … ¿Qué tienen -o pueden tener- en común la innovación abierta y la agricultura? ¿Hay algún nexo?

La innovación abierta, término acuñado por Henry Chesbrough, es una nueva estrategia de innovación bajo la cual las empresas van más allá de los límites internos de su organización y donde la cooperación con profesionales externos pasa a tener un papel fundamental.

La fertilización, según la RAE, es disponer la tierra para que dé más fruto. Si analizamos con detenimiento ambas definiciones vemos que ambas comparten el fin: ayudar a mejorar. Ya sea la organización o la cosecha.

Sin embargo, hay un matiz. Aquellas organizaciones que no cambien y devengan permeables -se fertilicen- entrarán en una fase de barbecho, proceso en el que la tierra se deja sin sembrar o cultivar durante uno o varios ciclos vegetativos. En el caso de la agricultura, sin duda, para mejorar. En el caso de la organización, para empeorar o, incluso, para su desaparición. Hace unos meses, conversando en twitter con Ana María Llopis sobre innovación, le decía: La más importante no requiere inversión. Requiere actitud: Abrir la ventana y renovar el aire.”

Os dejo con una frase de Aristóteles: “La naturaleza nada hace en vano” y una reflexión en abierto: si ya los antiguos sabios griegos lo sabían … ¿lo sabremos nosotr@s? ¿Y l@s directiv@s? ¿Abrimos la ventana y renovamos el aire de la organización? Seguro que la fertilizaremos y la cosecha mejorará …

Feliz semana,

Agustí Brañas