Lágrimas agrias …

26 04 2010

Querida Paz,

Esta mañana, mis mellizas se han ido de colonias. Llegada esta época primaveral, es práctica habitual que l@s estudiantes disfruten de unos días de asueto con sus compañer@s de curso. Este hecho no tiene nada de especial más allá del ritual de preparar las mochilas y los propios nervios de la noche anterior.

Te cuento. Cuando ya el autocar había iniciado la marcha, una compañera suya venía sollozando. Le hemos preguntado si le pasaba algo y si se encontraba bien. No ha podido responder. Se ha abrazado a mi mujer y ha roto a llorar desconsoladamente.

La razón era que no había podido ir de colonias con sus amigas por, según lo que nos ha comentado, las “malas notas” que estaba sacando. Yo no entro a valorar si es justa o no la decisión pues el ser padres implica una responsabilidad y una dificultad en la propia tarea de educar que, en la inmensa mayoría de oportunidades, no es entendida por nuestr@s hij@s.

Ahora bien, la decisión de no permitirle ir de colonias, ¿Servirá como revulsivo? O, por contra, ¿Se volverá como un boomerang hacia ell@s? Desde luego, no me hubiera gustado encontrarme en la tesitura de tener que decidir si iba o no iba.

¿Le hubierais permitido ir de colonias? ¿Qué opináis?

Saludos,

Agustí Brañas

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¡No escribo tan bien como mi hermana!

7 12 2009

0000-00-0-0-mellizasHola,

He dudado hasta el último momento dónde editar la entrada de hoy: si en Tambores Interiores o en Habilidades Directivas 2.0. Al final, por similitud con nuestra labor de directiv@s, me he decidido a publicarla en Habilidades Directivas 2.0.

Hace unos años, la cigüeña nos anunció que iba a anidar en casa con dos mellizas. ¡Fue una gran alegría!… Imaginaros el trasiego: Padres primerizos, sin experiencia y, para más inri, mellizas. Pensaréis … ¿qué diantres pinta esto en Habilidades Directivas 2.0?

En 2º de Primaria –tenían 8 años-, se produjo un hecho que me marcó interiormente. Una de mis mellizas tenía que hacer una redacción para la escuela y no la hacía. Yo le preguntaba: “¿Cómo vas con la redacción? ¿Ya la has hecho?” Su respuesta siempre era la misma: “Aún no he empezado. Tengo que hacerla”. La realidad era que no la hacía. Hasta que, a una nueva pregunta mía, me espetó: ¡Yo ya sé que no escribo tan bien como mi hermana! Mi corazón se desgarró y tuve que tragarme las lágrimas por la profunda carga emocional con la que la había pronunciado.

La tenía delante de mí y algo tenía que hacer. Mi mente dibujó tres escenarios o alternativas, cada uno con sus pros y sus contras:

  1. Hacer ver que no había oído la frase y actuar como si nada
  2. Resolverle el problema y hacerle la redacción
  3. Ayudarle a que ella venciera su pensamiento negativo transformándolo en uno de recuerdos positivo para toda su vida

Con el 1r y el 2º escenario, salía del paso al solventar la situación. Ahora bien, el problema continuaría enraizado en su interior y, quién sabe, si aumentaría con el transcurso del tiempo.

Así que opté por la 3ª alternativa: ayudarle a que ella venciera su pensamiento negativo transformándolo en uno de recuerdos positivo para toda su vida, por lo que le pedí que fuera a buscar unos folios en blanco. Una vez los trajo, la senté en mi falda y le dije: ¿Qué palabras te gustaría que aparecieran en la redacción? Escribe una en cada uno de los folios que tenemos. ¡Ummmm! Ahora puedes escribir una frase con cada una de las palabras. Le pedí que ordenara los folios de acuerdo a como le gustaría que aparecieran las frases. En ese momento, le dije: “Vamos a ponerlo en la barriguita del ordenador y lo vamos a imprimir para ver como queda”. Una vez tuvimos la impresión, le comenté: “Ahora viene la parte más difícil: Mejorar la redacción hasta que estés realmente satisfecha de la misma”.

Al día siguiente, entregó la redacción. A la tarde, al llegar a casa, le pregunté: ¿Qué tal el día? Su respuesta fue rápida: ¡Muy bien! ¡Han colgado mi redacción en la clase! Una sonrisa surcaba sus labios. Se le notaba feliz y contenta fruto de su trabajo. Mi corazón era un torrente de felicidad.

Lecturas:

  1. Como padres y/o directiv@s tenemos la obligación de ayudar a que nuestr@s hij@s y/o colaboradores crezcan emocional, personal y laboralmente. Querer es poder y poder es hacer.
  2. Se puede cambiar un pensamiento negativo por una sólida realidad positiva. Sólo es necesario el tener una verdadera actitud positiva de ayuda y de escucha activa

El otro día comentaba: “tengo que escribir la entrada del blog y no sé de qué escribirla”. Mi hija se acercó a mí y me comentó: “Vamos a buscar unas hojas y escribes una palabra en cada una de ellas”.

Saludos,

Agustí Brañas